martes, 12 de junio de 2012

Estrenan obra sobre Miguel Lillo

Con una excelente respuesta de público y crítica se estreno el pasado domingo 10 de junio de 2012, a las 21 horas, en la sala mayor del Círculo de la Prensa de Tucumán, Mendoza 240, la pieza teatral "Flores para Lillo" escrita y dirigida por Víctor Hugo Cortés, inspirada en la figura del sabio tucumano Miguel Lillo.

La pieza, protagonizada por Jaime Mamaní y Natalia Yapura sugiere un hipotético encuentro entre una estudiante de Ciencias Naturales de hoy en día y el sabio tucumano Miguel Lillo, fallecido en el año 1931. El diálogo aborda temas de inquietante actualidad como el calentamiento global, la superpoblación humana y las guerras del agua. La fotografía es de Marga Fuentes. La propuesta escénica y la selección musical pertenecen a Víctor Hugo Cortés.

El grupo La Jirafa ha puesto en escena obras como "Buk, un retrato de Charles Bukowski", "Venecia", de Jorge Accame y, recientemente, "El Quijote para chicos", sobre la inmortal obra de Miguel de Cervantes.

"Flores para Lillo", pieza que invita a reflexionar sobre la problemática del medio ambiente, inscripta en el marco de "Teatro de divulgación científica", se repondrá los subsiguientes domingos de junio en idéntico horario.

Video Promocional

Video Promocional. Duración 120". Compacto de imágenes de la pieza teatral "Flores para Lillo".

Nota aparecida en El Tribuno


 

Viernes 15 de Junio de 2012

» En la sala El Círculo de la Prensa

Una obra teatral homenajea la figura del sabio Miguel Lillo

http://www.tribunodetucuman.com.ar/archivos/imagenes//201206/2309_15_125331.jpg
LOS ACTORES JAIME MAMANI Y NATALIA YAPURA
ASUMEN EL DESAFIO DE RECREAR SITUACIONES HISTORICAS.
“Flores para Lillo” se titula la obra escrita y dirigida por el teatrista tucumano Víctor Hugo Cortés, que el grupo de teatro independiente La Jirafa pondrá nuevamente en escena este fin de semana.
Las funciones se realizarán el domingo, a las 21, en la sala mayor de El Círculo de la Prensa, de calle Mendoza 240. 
La pieza teatral, está protagonizada por los actores tucumanos Jaime Mamaní y Natalia Yapura, y sugiere un hipotético encuentro entre una inquieta estudiante de Ciencias Naturales de hoy en día, y el sabio tucumano Miguel Lillo, fallecido en el año 1931. 
El diálogo imaginario aborda temas de inquietante actualidad como el calentamiento global, la superpoblación humana y las guerras del agua. La fotografía es de Marga Fuentes. La propuesta escénica y la selección musical pertenecen a Víctor Hugo Cortés.
Miguel Lillo fue un naturalista poco común: sagaz y observador en extremo; profundamente erudito y dotado de una extraordinaria vocación científica. Especializado en botánica, fue sin embargo buen escritor al dedicarse a otras ramas de la ciencia, en particular la química y la zoología.
Se dedicó a la investigación científica alternándola con la enseñanza en investigaciones públicas. es relevante su contribución al conocimiento de los árboles de Argentina y de la familia botánica de las compuestas. 
Se empeñó también en profundizar en la ornitología -disciplina en la cual también devino una autoridad-, la lingüística, la literatura clásica, estudiando asimismo las lenguas indígenas.
Con el propósito de estimular al público a través de las grandes figuras o las grandes piezas de la literatura universal, el grupo La Jirafa ha puesto en escena obras como “Buk, un retrato de Charles Bukowski”, “Venecia”, de Jorge Accame y, recientemente, “El Quijote para chicos”, sobre la inmortal obra de Miguel de Cervantes Saavedra. 
“Flores para Lillo”, es una pieza que invita al espectador a reflexionar sobre la problemática del medio ambiente, y está inscripta en el marco del llamado “Teatro de divulgación científica”, que tiene el propósito de informar y formar al público sobre temas de gran importancia científica.
La puesta en escena de esta obra se repondrá los subsiguientes domingos de junio en idéntico horario.
“Flores para Lillo” se titula la obra escrita y dirigida por el teatrista tucumano Víctor Hugo Cortés, que el grupo de teatro independiente La Jirafa pondrá nuevamente en escena este fin de semana.
Las funciones se realizarán el domingo, a las 21, en la sala mayor de El Círculo de la Prensa, de calle Mendoza 240. 
La pieza teatral, está protagonizada por los actores tucumanos Jaime Mamaní y Natalia Yapura, y sugiere un hipotético encuentro entre una inquieta estudiante de Ciencias Naturales de hoy en día, y el sabio tucumano Miguel Lillo, fallecido en el año 1931. 
El diálogo imaginario aborda temas de inquietante actualidad como el calentamiento global, la superpoblación humana y las guerras del agua. La fotografía es de Marga Fuentes. La propuesta escénica y la selección musical pertenecen a Víctor Hugo Cortés.
Miguel Lillo fue un naturalista poco común: sagaz y observador en extremo; profundamente erudito y dotado de una extraordinaria vocación científica. Especializado en botánica, fue sin embargo buen escritor al dedicarse a otras ramas de la ciencia, en particular la química y la zoología.
Se dedicó a la investigación científica alternándola con la enseñanza en investigaciones públicas. es relevante su contribución al conocimiento de los árboles de Argentina y de la familia botánica de las compuestas. 
Se empeñó también en profundizar en la ornitología -disciplina en la cual también devino una autoridad-, la lingüística, la literatura clásica, estudiando asimismo las lenguas indígenas.
Con el propósito de estimular al público a través de las grandes figuras o las grandes piezas de la literatura universal, el grupo La Jirafa ha puesto en escena obras como “Buk, un retrato de Charles Bukowski”, “Venecia”, de Jorge Accame y, recientemente, “El Quijote para chicos”, sobre la inmortal obra de Miguel de Cervantes Saavedra. 
“Flores para Lillo”, es una pieza que invita al espectador a reflexionar sobre la problemática del medio ambiente, y está inscripta en el marco del llamado “Teatro de divulgación científica”, que tiene el propósito de informar y formar al público sobre temas de gran importancia científica.
La puesta en escena de esta obra se repondrá los subsiguientes domingos de junio en idéntico horario.

Un legado sabio e invaluable
Miguel Lillo legó a Tucumán, además de los numerosos libros que escribió sobre temas científicos vinculados a la naturaleza, otras herencias invaluables.
Sumamente generoso, poco antes de morir, el sabio Miguel Lillo donó todos sus bienes a la Universidad Nacional de Tucumán; tales bienes consistían en un amplio terreno, una considerable suma de dinero, su extensa biblioteca, su colección zoológica y su herbolario constituido por más de 20 mil ejemplares de unas 6 mil especies distintas. 
Con tal donación la Universidad Nacional de Tucumán constituyó la Fundación Miguel Lillo (inaugurada en 1933).

Imágenes Flores Para Lillo




Quién fue Miguel Lillo


El doctor Miguel Lillo fue un naturalista de condiciones poco comunes. De gran sagacidad y capacidad de observación, dotado de extraordinaria y amplia vocación. Profundamente erudito, como resultado de su propio esfuerzo. Especializado en Botánica, conocía también a fondo otras ramas de las disciplinas científicas, particularmente la Química. Tenía autoridad, tanto moral y científica, de singular relieve. Durante medio siglo se dedicó a la investigación científica, alternando estas actividades con la docencia y la dirección de instituciones públicas.

Nació en Tucumán en 1862, cursó sus primeras letras en una escuela particular e hizo el bachillerato en el Colegio Nacional. No efectuó otros estudios oficiales; todo lo que vino después se le debió a sí mismo, constituyendo un hermoso ejemplo de autodidactismo.

Las ciencias exactas, físicas y naturales fueron las de su predilección y las estudió y perfeccionó con ahínco. Federico Schickendantz, profesor de química y director de la Quinta Normal de Agricultura, fue el maestro que tuvo el joven Lillo. Había descubierto en él condiciones estimables de observador y estudioso. Y lo estimuló y lo guió vislumbrando en él a su sucesor. Efectivamente, cuando el doctor Schickendantz se ausentó definitivamente de Tucumán, en 1892, Lillo lo reemplazó en la Dirección de la Oficina Química, cargo que conservó hasta el día de su muerte y que atendía durante la semana alternando con Cátedras de Química y Física en el Colegio Nacional, Escuela Normal y Universidad.

En 1918 se retiró de la docencia, guardando, con carácter Honorario el cargo de Director del Museo de Historia Natural, anexo a la Universidad.

Federico Schickendantz lo puso en relaciones con los botánicos Federico Kurtz y Teodoro Stuckert, ambos por entonces en Córdoba. También lo instó a que efectuara un viaje por Europa, cuyos principales centros científicos visitó, teniendo ocasión de frecuentar los mas notables botánicos de la época. Este viaje tuvo una influencia decisiva en la vida del joven naturalista.

En 1888, poco antes de aquel viaje, había publicado su primer ensayo sobre la Flora Tucumana, mas no era su afán hacer publicaciones sino profundizar los problemas, enriquecer su biblioteca, hacer colecciones, cultivar especies críticas, comunicarse con colegas del país y del extranjero, consultar tipos, determinar material, etc., etc. Su contribucion al conocimiento de los árboles de la Argentina (1910) constituye una obra fundamental para los estudios dendrológicos en nuestro país.

El Dr. Lillo fue miembro de la Comisión Nacional de la Flora Argentina y se ocupó con preferencia del estudio de la gran familia de las Compuestas. Efectuó después una revisión de las Asclepiadáceas argentinas y más tarde trató las Acantáceas. Clasificó colecciones de mucho valor procedentes especialmente del Norte Argentino, interesándose también por la distribución de la vegetación en esta parte del país, para concretar criterios fitogeográficos propios. En el campo de la Zoología —en particular la Ornitología— la labor de Lillo fue prolífera. En 1905 publicó Fauna Tucumana (Aves). Describió además nuevas especies de la avifauna tucumana y reunió la mejor colección de aves de la provincia.

Otro aspecto prominente de la vida de Lillo constituyó su pasión por la lingüistica y la literatura clásica. Además de los idiomas necesarios para asesorarse en sus investigaciones científicas, Lillo estudió con singular acierto y especial versación las lenguas indígenas. Valga además agregar, que durante 45 años llevó con toda minuciosidad los registros metereológicos, cuando todavía no existían observatorios nacionales en Tucumán.

El doctor Lillo recibió honores que le tributaron espontáneamente las corporaciones e instituciones científicas del país y del extranjero. El Museo de La Plata lo designó Doctor Honoris Causa en 1914.

En 1928 le fue otorgado el premio «Francisco P. Moreno».

Su vida fecunda y extraordinaria se extinguió en Tucumán, con heroica serenidad, el 4 de mayo de 1931.

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