martes, 12 de junio de 2012

Quién fue Miguel Lillo


El doctor Miguel Lillo fue un naturalista de condiciones poco comunes. De gran sagacidad y capacidad de observación, dotado de extraordinaria y amplia vocación. Profundamente erudito, como resultado de su propio esfuerzo. Especializado en Botánica, conocía también a fondo otras ramas de las disciplinas científicas, particularmente la Química. Tenía autoridad, tanto moral y científica, de singular relieve. Durante medio siglo se dedicó a la investigación científica, alternando estas actividades con la docencia y la dirección de instituciones públicas.

Nació en Tucumán en 1862, cursó sus primeras letras en una escuela particular e hizo el bachillerato en el Colegio Nacional. No efectuó otros estudios oficiales; todo lo que vino después se le debió a sí mismo, constituyendo un hermoso ejemplo de autodidactismo.

Las ciencias exactas, físicas y naturales fueron las de su predilección y las estudió y perfeccionó con ahínco. Federico Schickendantz, profesor de química y director de la Quinta Normal de Agricultura, fue el maestro que tuvo el joven Lillo. Había descubierto en él condiciones estimables de observador y estudioso. Y lo estimuló y lo guió vislumbrando en él a su sucesor. Efectivamente, cuando el doctor Schickendantz se ausentó definitivamente de Tucumán, en 1892, Lillo lo reemplazó en la Dirección de la Oficina Química, cargo que conservó hasta el día de su muerte y que atendía durante la semana alternando con Cátedras de Química y Física en el Colegio Nacional, Escuela Normal y Universidad.

En 1918 se retiró de la docencia, guardando, con carácter Honorario el cargo de Director del Museo de Historia Natural, anexo a la Universidad.

Federico Schickendantz lo puso en relaciones con los botánicos Federico Kurtz y Teodoro Stuckert, ambos por entonces en Córdoba. También lo instó a que efectuara un viaje por Europa, cuyos principales centros científicos visitó, teniendo ocasión de frecuentar los mas notables botánicos de la época. Este viaje tuvo una influencia decisiva en la vida del joven naturalista.

En 1888, poco antes de aquel viaje, había publicado su primer ensayo sobre la Flora Tucumana, mas no era su afán hacer publicaciones sino profundizar los problemas, enriquecer su biblioteca, hacer colecciones, cultivar especies críticas, comunicarse con colegas del país y del extranjero, consultar tipos, determinar material, etc., etc. Su contribucion al conocimiento de los árboles de la Argentina (1910) constituye una obra fundamental para los estudios dendrológicos en nuestro país.

El Dr. Lillo fue miembro de la Comisión Nacional de la Flora Argentina y se ocupó con preferencia del estudio de la gran familia de las Compuestas. Efectuó después una revisión de las Asclepiadáceas argentinas y más tarde trató las Acantáceas. Clasificó colecciones de mucho valor procedentes especialmente del Norte Argentino, interesándose también por la distribución de la vegetación en esta parte del país, para concretar criterios fitogeográficos propios. En el campo de la Zoología —en particular la Ornitología— la labor de Lillo fue prolífera. En 1905 publicó Fauna Tucumana (Aves). Describió además nuevas especies de la avifauna tucumana y reunió la mejor colección de aves de la provincia.

Otro aspecto prominente de la vida de Lillo constituyó su pasión por la lingüistica y la literatura clásica. Además de los idiomas necesarios para asesorarse en sus investigaciones científicas, Lillo estudió con singular acierto y especial versación las lenguas indígenas. Valga además agregar, que durante 45 años llevó con toda minuciosidad los registros metereológicos, cuando todavía no existían observatorios nacionales en Tucumán.

El doctor Lillo recibió honores que le tributaron espontáneamente las corporaciones e instituciones científicas del país y del extranjero. El Museo de La Plata lo designó Doctor Honoris Causa en 1914.

En 1928 le fue otorgado el premio «Francisco P. Moreno».

Su vida fecunda y extraordinaria se extinguió en Tucumán, con heroica serenidad, el 4 de mayo de 1931.

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